Entre el estupor y la incredulidad por la beba “resucitada”

El asombroso caso del Chaco. (*) Por Nora Bär

Analía y Fabián, padres de la beba.

A primera vista, el caso de Luz Milagros, la bebita que nació a los seis meses de gestación en el Hospital Julio C. Perrando, de Resistencia, que fue dada por muerta y enviada a la morgue para ser descubierta por su madre aún con vida 12 horas más tarde, no puede menos que suscitar estupor e incredulidad.

Todo ocurrió el 3 del actual. Los médicos habían firmado el certificado de defunción alrededor de las 10, pero antes de abandonar el hospital, Analía Bouter pidió ver el cuerpo de su hija, que había sido enviado a la morgue. Casi se desmaya cuando sintió un suspiro y vio movimientos: Luz Milagros, que había estado encerrada en un diminuto cajón y a una temperatura de casi cero grados, estaba viva.

¿Cómo puede haber ocurrido algo así? Especialistas consultados por LA NACION subrayan que el diagnóstico de muerte en un prematuro extremo, de apenas seis meses de gestación y 800 g de peso, puede presentar complejidades de difícil resolución. Y que éstas involucran delicadas decisiones bioéticas.

“Un bebe así ya viene con un handicap -dice el doctor Bernardo Chomsky, jefe del Servicio de Neonatología del hospital Argerich-. En esas circunstancias, que no son frecuentes, es posible que no se registren movimientos cardíacos o respiratorios. Muchas veces, hay una bradicardia [lenta frecuencia cardíaca] tan extrema que los latidos casi no se oyen. Incluso uno ha visto chicos que no tienen ningún signo vital y al rato recuperan algún automatismo cardíaco.”

El diagnóstico de muerte se rige por reglas que pueden variar de acuerdo con las circunstancias. “No es lo mismo la muerte cerebral de un donante de órganos que la de un prematuro -dice el doctor Luis Prudent, presidente de la Fundación para la Salud Infantil (Fundasamin)-. En el segundo caso, el diagnóstico es clínico: si el bebe no tiene latidos cardíacos, no se ve nada en el electrocardiograma, la saturación [de oxígeno en la sangre, medida por el oxímetro de pulso] cae a cero… está muerto y se lo envía a la morgue. Ahora, ¿está muerto desde el punto de vista celular? Y… si volvió a vivir es porque no está muerto, pero desde el punto de vista clínico, lo está. Parece una barbaridad, pero he sabido de casos como éste ocurridos en distintas partes del mundo, incluso en países desarrollados.”

Aunque aclara que no puede opinar sobre este episodio en particular, porque no conoce los detalles, siendo jefe de Neonatología del hospital Posadas, Prudent estableció la norma de que no se enviara a los chiquitos a la morgue hasta dos horas después de diagnosticada la muerte clínica, pero aclara que este criterio es debatible y no es una regla generalizada.

Según el doctor Guillermo Colantonio, especialista de Cemic y de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, el encargado de constatar que un bebe no tiene latidos ni respiración es el neonatólogo. Detecta si late el cordón umbilical y, si no, lo ausculta con un estetoscopio y consulta el saturómetro.

Es entonces cuando decide si iniciar maniobras de resucitación. Las guías de la Sociedad Argentina de Pediatría y de su similar norteamericana para un bebe sin frecuencia cardíaca o respiratoria indican colocarle una “bolsa máscara” para iniciar la respiración. Esto puede activar el corazón, pero si no ocurre, hay que intubarlo. “Hay que pensar que se trata de un bebe de 800 gramos… Se hace, si uno considera que previamente estaba con vida -dice Colantonio-, pero no si se asume que no hay chances. Es una situación compleja.”

Por su parte, el doctor Gabriel Musante, jefe de Neonatología del hospital Austral, es más terminante: aunque reconoce que la confusión puede ocurrir, subraya que no deja de ser un error. “Lo que no puede suceder es que un bebe esté muerto y resucite. Puede ocurrir que uno se confunda, que lo dé por muerto antes de nacer, pero obviamente hay un error de evaluación. Se puede limitar el esfuerzo terapéutico en ciertas condiciones, pero hay que monitorear”, dice.

Para Musante, que ayer se encontraba en Mendoza, precisamente en una reunión que analizaba la situación de la prematurez en la región, el caso de Resistencia refleja las desigualdades de nuestro sistema de salud. “La mortalidad en estos bebes puede variar entre el 10% y el 50%. La conducta del médico termina siendo distinta, de acuerdo con las expectativas -explica-. Es un problema bioético: uno decide si insistir o no.”

Las estadísticas indican que en la actualidad y en centros de primer nivel un bebe de entre 500 y 750 gramos tiene un 60% de posibilidades de sobrevida. “En otra época, esto hubiera sido impensable -dice Chomsky-: los que nacían con menos de 1500 gramos ni siquiera se reanimaban.”

Es cierto, reconoce Musante: “Pero hay lugares que tienen mortalidad cercana al 100% y además alta morbilidad”. El hospital Perrando, sin embargo, es reconocido como un centro con muy buen nivel de atención. Su unidad de neonatología fue pionera en la adopción de programas de bancos de leche materna y “mamás canguro”.

En cuanto a la increíble resistencia de Luz Milagros, los especialistas coinciden en que, curiosamente, la hipotermia puede haberla protegido.

“Hoy se trata a los chicos con asfixia neonatal y alto riesgo de daño neurológico con un casquete especial que les baja la temperatura corporal a 33 o 34 grados -cuenta Chomsky-. Se ha visto que chicos no sometidos a este tratamiento tienen más secuelas. Contrariamente a lo que suele pensarse y aunque se considera que la temperatura ideal para que nazca un chico son los 26 grados, en el caso de un prematuro extremo, la hipotermia puede resultar un factor protector. Pone en marcha un mecanismo que hace que las células disminuyan su metabolismo basal y lleven el consumo de oxígeno prácticamente al mínimo.” El especialista también aclara que, en general, el cerebro del recién nacido es más resistente a la hipoxia que el de un adulto.

(*) Diario La Nación

 

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de Daniel Rohaly Publicado en Locales

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